Calorcito
Un textito que escribí pa Elisa Victoria
Hace mucho viento; derramo lagrimones gordos y traviesos como chinchillas domésticas; es un día de releer textos – DE RELEER MUCHAS COSAS – pero por lo que sea, solo puedo compartir ESTO, que escribí en el tallercito “Construye tu propia linterna” de Elisa Victoria (la mejor).
El vapor mata el 99,99% de gérmenes, bacterias y virus. Es la mejor forma de limpiar. La más eco-friendly. Nada de químicos, solo el poder del agua transformada en vapor. Los ácaros no sobreviven a mi vaporetta. Sé que es imposible, pero puedo oírlos gritar conforme paso la empuñadura con cepillo y funda por el sofá y las almohadas de la cama. Hacen chichichichichichichichichichi como madera ardiendo. El fuego también limpia. Pero creo que el vapor me gusta más. También le da una nueva vida a las alfombras. Es increíble. La de mi salón está todavía más limpia que cuando la compré. Y eso que tengo perro y gatos. Flipo. Mi vaporetta es la POLTI Vaporetto Smart 30 R. Me la regaló mi madre. Es como una hidrolimpiadora pero en vez de agua fría a presión, pues calorcito. Está aprobada por la British Allergy Foundation. Sello de garantía BAF, concretamente. Con la vaporetta empiezo a limpiar vestida pero casi siempre termino en bragas. La vaporetta es mi momento pole dance. A veces se me enreda el cable entre las piernas y siento que vuelo como en una escoba. Ya sé que se llama vaporetto, pero la mía es chica. Le he puesto de nombre Rosemery porque a veces le echo unas gotitas de esencia de romero en el depósito, para que huela mejor. El romero también limpia. Las malas energías, concretamente. Pero el vapor va mucho más allá. El vapor limpia y mata. La energía ni se crea ni se destruye, pero eso es porque no se ha cruzado con mi vaporetta. La primera vez que limpié la cocina me asusté. Había mucha mierda. Mucha, pero mucha mierda. Al día siguiente, me fui corriendo al trabajo para hacer un corrillo con las más reales y les dije – tías, en serio, no sabéis la mierda!!!!!!!!!!!!!! Luego les copié el link en el grupo de WhatsApp y el resto es historia. Ahora, estemos donde estemos, solo vemos mierda. Mi galería está llena de fotos del paso del vapor en nuestras vidas: la encimera de L., el microondas de R., los azulejos azul marino del baño de F., una foto de P. Está sonriendo, mirando hacia abajo y saludando mientras escala. Ya ayer, cuando la recibí, me pareció un poco arriesgado. Si estás escalando, estás escalando, pero las dos cosas no. La verdad es que, al momento, no supe muy bien qué decir, así que le reaccioné la foto con un emoji de nariz de cerdo. Eso es lo que se pone para indicar que algo te gusta, ¿no? Va sin camiseta y se le marcan los dos huesos esos del pecho que van a parar al esternón y nunca sé cómo se llaman. Sexy sexy. Pero ahora intuyo un cuerpo extraño en sus fosas nasales. Hago zoom. ¿Me pregunto si es un moco? Hago más zoom. Hasta el final. Sí lo es. Pienso en la nariz de cerdo: otra vez un emoji inocente que se convierte en un potencial insulto. Creo que si me dieran un euro cada vez que me pasa esto, pues tendría algunos cuantos euros. ¿Me pregunto si se habrá dado cuenta? Hago captura del moco. Se la reenvío al grupo. “Eso también lo limpia la vaporetta”, dice R. “Y en cero coma”, contesto. Abro la conversación con P. “Ey. Estuvo genial anoche, ¿repetimos?”. Emoji de fuego. Emoji de fuego. Emoji de fuego. Espero que no se haya dado cuenta.



Leería cualquier cosa tuya, incluso un prospecto de medicamento mapachiano.
Lo bien que nos lo pasemos, lo mucho que viajamos con tus textos.